CAMI de Pascuales albergue para personas sin hogar



Guayaquil-Guayas

Los primeros hombres en situación de calle (jóvenes, adultos y adultos mayores), que este viernes 3 de abril ingresaron a la Casa de Acogida, del Centro de Atención Municipal Integral (CAMI) de Pascuales, por pedido de la alcaldesa Cynthia Viteri, dan gracias a Dios y al Municipio por ese techo que los cobija, donde volvieron a comer tres veces al día. 

Las direcciones municipales de Gestión de Riesgos y Cooperación Internacional y la DASE junto a la Fundación Pan To Go, con experiencia en atención a estos ciudadanos vulnerables, son las encargadas de este albergue.

Este viernes entraron 10 personas que pernoctan en las calles y no tienen un lugar donde pasar la cuarentena preventiva del Covid 19. Pero hoy sábado 4 de abril, desertaron dos de los más jóvenes, quienes consumen drogas y ante el confinamiento voluntario reapareció el síndrome de abstinencia, explicó Fernando Valverde, presidente de Pan To Go. El ingreso es voluntario y la permanencia no es obligatoria, pero quien sale no vuelve a entrar, recalcó Valverde.     

Allí pasarán la cuarentena los hasta ahora 8 albergados, junto a Galo Coronel y Yorwin Ochoa, de Fundación Pan To Go, quienes los atienden; una persona encargada de la limpieza y dos guardias en el interior del CAMI, custodiados por Agentes de Control Metropolitano que cuidan el perímetro.

El viernes 3 de abril, los acogidos, luego de ser revisados por los médicos de la clínica móvil municipal, que constataron que no tienen síntomas de coronavirus ni gripales, ingresaron al interior del CAMI de Pascuales.

Recibieron, por persona, un kit de aseo personal, con jabones de baño y de ropa, champú, pasta y cepillo de dientes, rasuradora, papel higiénico y una botella de agua; inmediatamente se bañaron. 

Y la mañana de este sábado se destinaron más kits de limpieza para esta Casa de Acogida. 

Al volver al dormitorio, donde hay 30 literas (el albergue tiene capacidad para 40 personas), cada uno se encargó de tender la cama que le fue asignada, con la sábana y funda de almohada que encontraron sobre esta.

Luego, en la mesa les sirvieron el almuerzo en tarrinas descartables, a los jóvenes, que deambulan y duermen bajo los puentes de la Bahía y la Perimetral (entrada de la 8), así como a los adultos y adultos mayores que recorren el centro de la ciudad.

En ese momento, José alzó sus manos al cielo, dándole gracias a Dios por la comida. Un esmeraldeño que hace 10 años vive en las calles del casco comercial de Guayaquil; ahora pernocta por 9 de Octubre y Escobedo. Es chambero, reciclador.

“Está rico, bien preparado y es mucha comida. Gracias, es bastante comida”, dijo Eudoreo, de la tercera edad.

Autor entrada: Carlos Aguilar Alcivar

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