¡Estamos protegidos!, dijeron……

Por Nidia Murillo de Estrella

Día número 14 de cuarentena establecida por el Gobierno Nacional, para tratar de controlar la expansión del letal del covid-19, que azota al mundo entero, sin distinción de raza, color, etnia, profesión, posición económica o social.

Es incuantificable el número de víctimas que han perecido en el Ecuador por causa del llamado Virus del Terror. Pues la imposibilidad de detección de la enfermedad a través de pruebas de laboratorio a todos los pacientes sintomáticos, por la limitada cantidad en stock de estos viales dentro del país, tanto en laboratorios públicos como privados, no permite precisar el número de contagiados críticos, leves y menos a quienes han fallecido con síntomas asociados, pero sin diagnóstico oficial.

Imposible desmembrar un tema de emergencia de salud pública, sin relacionarlo directa o indirectamente con política nacional. Pues para nadie es desconocido que, esta vez, al igual que muchas otras que no tuvieron la contundencia letal que el covid-19 deja en evidencia que Ecuador no estuvo preparado para proteger a los ciudadanos de una catástrofe.

Es inocultable que las desastrosas administraciones gubernamentales, todas sin excepción, estuvieron siempre marcadas por escándalos y evidencias de actos de inmoralidad, que además de haber empobrecido una Nación rica por naturaleza, han mantenido a la población en la ignorancia total y completa en temas de salud preventiva.

Para desgracia de todos los ecuatorianos ministros, viceministros, directores nacionales, provinciales, cantonales y de cada Centro de Salud Nacional, siempre fueron asignados por palanqueo y conveniencias personales y económicas de quienes convirtieron la Salud de los ecuatorianos en el Magnánimo Negocio que aseguró el opulento futuro económico de ellos y sus generaciones venideras.

El covid-19, ha sido el desenmascarador de la aberrante forma de administrar la Salud en nuestro país, pues, el desastre en cadena ha incluido además la inoperante acción de quienes tendrían que haber protegido a la población, también con una logística de aplicación inmediata para el retiro de cadáveres en viviendas; cadáveres que dicho sea de paso, mientras suplicaron en vida por atención médica llamando al número del terror, el nefasto 171, en su mayoría jamás fueron atendidos en sus padecimientos, ni orientados a ningún centro de Salud para salvar sus vidas.

Médicos graduados y especializados dentro y fuera del país, con méritos, preparados con sus medios económicos, endeudándose, con esfuerzo y deuda propia; científicos con vocación de servicio, con valores, y lo más importante del plató, con conocimientos.

Esos médicos científicos e investigadores están en casa, sin oportunidades, sin trabajo, o quizás ejerciendo cualquier otra ocupación porque en la plataforma pública, donde debimos contar solo con lo mejor de lo mejor, allí no hubo espacio para todo lo que se relacione con desinterés de todo tipo, alejado de corrupción.

El colmo imposible de asimilar, la falta de insumos de protección médica, acompañado de la ausencia de planes, procedimientos. Nos dejaron abandonados al horror, sin opciones, más que la muerte sin dignidad.

Si duda alguna un desenlace fatal, que todos los ecuatorianos sin excepción hemos sufrido. Con la evidencia de la improvisación, del engaño, del trato inhumano a un pueblo, que tuvo que experimentar una pandemia sin precedentes para constatar que sus gobernantes siempre estuvieron a la altura del barro, término que utilizo por evitar describir la real figura que merece todo ser que antepuso intereses propios, por encima de la vida del prójimo. Una terrible jornada, que aún no tiene fecha de salida, que deja secuelas graves en la mente y los corazones de los ecuatorianos.

El gran receptor de todas las súplicas y la roca de todos los aterrados, únicamente Dios, que sin tener un call center ha sido el refugio y consuelo de todos, sin horarios ni distinción; cobijando a quienes hemos sufrido de cerca y de lejos la catástrofe que superó el dolor y asombro descomunal del terremoto del 16 Abril 2016. Que Dios nos ampare.  (O)

Autor entrada: David Jaramillo

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