
NUEVA YORK, Estados Unidos
Hace 25 años, una mañana de septiembre que parecía comenzar como cualquier otra terminó convirtiéndose en uno de los días más terribles de la historia contemporánea.
En cuestión de horas, cuatro aviones fueron secuestrados y utilizados como armas contra objetivos en Nueva York y Washington, mientras un cuarto aparato se estrellaba en Pensilvania.
Las Torres Gemelas se derrumbaron ante los ojos de millones de personas. El Pentágono fue alcanzado. En Shanksville, los pasajeros del vuelo 93 se enfrentaron a los secuestradores antes de que el avión terminara estrellándose en un campo. Al final de aquel día, 2.977 personas habían perdido la vida. Estados Unidos nunca volvió a ser el mismo.
Respuesta
Cundió el pánico y, después, la incertidumbre. Todos se preguntaban qué hacer para combatir a un enemigo que parecía no tener rostro.
El Gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de George W. Bush, un presidente que apenas llevaba ocho meses en la Casa Blanca, adoptó medidas extraordinarias que reforzaron la seguridad y la vigilancia en aeropuertos y ciudades. La tragedia también cambió profundamente la manera de viajar y de vivir, no solo en nuestro país sino en prácticamente todo el mundo.
Se habló de Osama bin Laden y de Al Qaeda, la organización terrorista que tenía su principal refugio en Afganistán bajo la protección del régimen talibán.
La respuesta estadounidense fue inmediata. La Casa Blanca declaró que no distinguiría entre organizaciones terroristas, países y gobiernos que les proporcionaran refugio o apoyo.
Afganistán
El 7 de octubre de 2001, Estados Unidos y aliados iniciaron una campaña militar contra objetivos de Al Qaeda y del régimen talibán en Afganistán. El objetivo declarado era desmantelar la infraestructura terrorista y eliminar el refugio que el régimen talibán proporcionaba a Osama bin Laden y a Al Qaeda.
La operación contó con fuerzas estadounidenses y británicas, además de otros países aliados, y con la colaboración decisiva de fuerzas afganas que combatían al régimen talibán. En pocas semanas, las principales ciudades del país habían caído en manos de la coalición y sus aliados afganos. Kabul cayó el 13 de noviembre de 2001.
Administración interina
A finales de diciembre se estableció una administración interina afgana y posteriormente comenzó un prolongado esfuerzo para reconstruir las instituciones, la infraestructura y las fuerzas de seguridad de Afganistán.
Pero la derrota inicial no significó el fin de los talibanes. El movimiento logró reorganizarse y, con el paso de los años, lanzó una creciente insurgencia contra el nuevo gobierno afgano y las fuerzas internacionales.
Mientras tanto, Estados Unidos y sus aliados entrenaban al Ejército afgano y trataban de fortalecer las instituciones del país.
Bin Laden
Casi 10 años después, el 2 de mayo de 2011, una operación estadounidense terminó con la vida de Osama bin Laden en Pakistán, donde se ocultaba. El entonces presidente Barack Obama anunció su muerte a la nación y al mundo.
La noticia provocó celebraciones en distintas ciudades de Estados Unidos, particularmente en Nueva York y Washington DC. Sin embargo, la muerte de Bin Laden no borró el dolor ni el trauma provocado por los atentados del 11 de septiembre.
La guerra de Afganistán continuó durante otra década. El 29 de febrero de 2020, durante la primera administración de Donald Trump, Estados Unidos y los talibanes firmaron el llamado Acuerdo de Doha, que estableció un marco para la retirada de las fuerzas estadounidenses y aliadas y contempló compromisos de los talibanes relacionados con el terrorismo y las negociaciones entre los distintos sectores afganos.
La administración de Joe Biden finalmente ejecutó la retirada final de las fuerzas estadounidenses en agosto de 2021, que resultó ser un desastroso episodio que muchos no quieren recordar. El 15 de agosto de ese año, los talibanes tomaron Kabul y el gobierno afgano colapsó.
La amenaza continúa
La muerte de Bin Laden no significó el fin de Al Qaeda ni de otras organizaciones terroristas. El panorama de seguridad en Oriente Medio y Asia ha continuado evolucionando, con la presencia de grupos extremistas y organizaciones armadas que representan amenazas diferentes y cambiantes.
Veinticinco años después de los atentados, el recuerdo del 11 de septiembre continúa asociado no solo con la pérdida de miles de vidas, sino también con las guerras, las transformaciones en materia de seguridad y las profundas consecuencias políticas y sociales que siguieron a aquella mañana. (I)
Con información de https://www.diariolasamericas.com/eeuu/911-25-anos-despues-una-herida-que-estados-unidos-no-olvida-n5401898

