
Por Henry Carrascal Chiquito
Ciertamente Jesús vino en el justo momento. En tiempos en los que la humanidad, más lo necesitaba. Era una época en la que, la vida, casi no tenía ningún valor; estaba reducida a la nada.
La Roma republicana estaba por desaparecer para dar paso a la imperial. Su expansión militar sometía a los pueblos invadidos y vencidos a sufrimientos cruelísimos como ocurrió en las Galias y en buena parte de Britania. Era la forma en la que, el naciente imperio se consolidaba mediante la imposición del terror y de la abierta amenaza de muerte contra cualquier manifestación subversiva.
Se esclavizaba por mínimas deudas, se mataba por diversión o por simple animadversión. Se torturaba sádicamente por placer y se cometían aberraciones que causaban espanto a los mismos romanos. Reyes vasallos como Herodes y sus sanguinarios hijos, además de procuradores perversos como Pilatos, eran parte del andamiaje imperial.
Durante la época de Jesús, gobernó Octavio y posteriormente Tiberio; este último caracterizado por su degeneración. Un mefistofélico pederasta que arrebataba de los senos familiares, a las niñas y niños más agraciados para desatar su depravación pedófila.
La humanidad por sí sola, no hubiera podido redimirse, por eso vino Jesús, a limpiar esa inmundicia, a desafiar al paganismo politeísta romano y a consolidar el monoteísmo abrahámico – hebraico.
Vino a hablar de amor, a privilegiar a los pobres con bienaventuranzas mientras advertía a los ricosy a los publicanos por su insaciable avaricia. De haber llegado ahora, con seguridad Jesús habría sido procesado bajo los tipos penales de terrorismo, rebelión, secesión, sabotaje y/o subversión.
Fue un Dios, no hay duda de que fue y es un Dios. ¿Cómo se puede calificar a un hombre que, desde la extrema pobreza, y en apenas 2 años y medio de gestión, marcó un antes y un después en la humanidad? ¿Cómo másse le puede llamar a un hombre que durante más de dos mil años ha tenido miles de millones, no de seguidores, sino de “adoradores” esparcidos por todo el orbe?
Jesús fue un líder, pero fue más que un líder, Jesús fue un hombre superior, pero fue más que eso también, Jesús fue un sabio, pero no basta con llamarlo solamente sabio. Un hombre como Jesús, solo pudo haber sido “un Dios”.
Vivimos tiempos convulsos, aciagos y perturbadores, muy parecidos a los de la época en la que Jesús vino. Tiempos en los que, a lo malo se lo llama bueno y a la bueno se lo concibe como malo. La gran fortuna es que, en cada navidad, podemos recibirlo nuevamente y procurar redimirnos. Démosle entonces, un sencillo pero valioso regalo; oremos profundamente por quienes tanto amó, por aquellos que pasarán sus navidades en un portal o bajo un paso a desnivel, en una sala de cuidados intensivos o en la cárcel esperando una segunda oportunidad o que se ratifique su estado de inocencia y que, en el ínterin procesal, no los maten. Oremos por todos los sufrientes, pero también, por esos “pobres arrogantes” que, sin darse cuenta, moran en la peor de las miserias. Oremos por
nosotros que, en algún momento de nuestras vidas, también hemos sido o seremos menesterosos.
Que vuelva Jesús…el mundo entero lo necesita. (O)
