
Por Elio Ortega Icaza
El cantón Aguarico, fundado el 21 de enero de 1945, es una de las expresiones más claras de cómo el Ecuador defendió su soberanía no solo con tratados, sino con presencia humana, fe y decisión política.
Su nacimiento se inscribe en uno de los momentos más sensibles de la historia nacional, posterior a la invasión peruana de 1941, cuando el país enfrentaba el desafío de reafirmar su integridad territorial en la región amazónica.
La creación de Aguarico, respondió a una estrategia de Estado impulsada durante el gobierno del Dr. José María Velasco Ibarra, quien comprendió que la soberanía se ejerce ocupando el territorio.
Para ello, confió esta misión a Monseñor Maximiliano Spiller, un hombre que unió vocación religiosa, compromiso social y profundo sentido patriótico. Su encargo fue claro: fundar una población ecuatoriana lo más cercana posible a la línea fronteriza oriental.
El camino hacia ese objetivo estuvo marcado por sacrificios. Monseñor Spiller, emprendió un arduo viaje por el río Napo, desplazándose a remo, sorteando la selva, el aislamiento y las inclemencias naturales.
En ese trayecto adquirió la finca del señor Armando Llori, por cinco mil sucres, lugar donde se asentó la nueva población de Nuevo Rocafuerte, en reemplazo de la antigua Rocafuerte, que había quedado bajo dominio peruano y que hoy se conoce como Pantoja.
Desde su fundación, Aguarico ha sido mucho más que una división político-administrativa. Ha sido un bastión humano en la frontera, sostenido por comunidades indígenas, colonos y servidores públicos que, con escasos recursos, han garantizado la presencia ecuatoriana en una de las zonas más remotas del país. Allí, la patria no se declama: se vive y se defiende día a día.
Recordar a Aguarico, es reconocer una historia de dignidad, resistencia y amor al Ecuador. Es entender que la Amazonía, no solo provee riqueza natural, sino que guarda páginas fundamentales de nuestra memoria nacional.
Desde esta tribuna del pensamiento y la justicia, rendimos homenaje a Aguarico, cantón amazónico que sigue siendo frontera viva, conciencia histórica y símbolo permanente de soberanía. (O)
