
ZUMBAHUA, Cotopaxi
La transformación digital que impulsa el Ministerio de Educación aún no alcanza a las escuelas rurales de Cotopaxi. En comunidades como Iracuga, en la parroquia Zumbahua, cientos de niños continúan su proceso educativo sin acceso real a herramientas tecnológicas, pese a los anuncios oficiales sobre modernización del sistema público.
En la escuela unidocente Fernando Daquilema, el acceso a internet llegó recién en abril de 2025, tras más de dos décadas de funcionamiento. La antena fue instalada por el Ministerio de Educación; sin embargo, la conectividad resulta limitada y solo permite al docente revisar correos electrónicos y guías pedagógicas desde una computadora asignada por la cartera de Estado.
El panorama tecnológico para los estudiantes es aún más crítico. La institución cuenta con tres computadoras, ubicadas en la oficina del profesor. Dos no funcionan y la tercera presenta constantes fallas, al punto de tardar horas en encender o no iniciar sesión. Durante una visita periodística, el equipo nunca logró encenderse.
Esta realidad contrasta con el convenio firmado en noviembre de 2025 entre el Ministerio de Educación y Google, que contempla la implementación de aulas virtuales, herramientas interactivas e incluso el uso de inteligencia artificial en la educación pública. En la práctica, en escuelas como la de Iracuga, los estudiantes no tienen equipos para acceder a estos recursos.
Según el docente del plantel, algunas computadoras fueron donadas por juntas parroquiales de Zumbahua, pero se encuentran inoperativas. De todo el curso, apenas tres estudiantes aseguran tener una computadora en casa. Para el resto, el acceso a la educación digital sigue siendo un anhelo lejano.
La situación se repite en otras instituciones educativas del sector. En una escuela cercana, pese a contar con conexión a internet, el acceso resulta insuficiente: 23 estudiantes comparten apenas seis computadoras, lo que limita el aprendizaje y la familiarización con herramientas tecnológicas básicas.
Varios docentes de la zona optaron por no dar declaraciones públicas. Aseguran que visibilizar las carencias ha generado advertencias y sanciones por parte de las autoridades educativas, lo que incrementa el temor a represalias.
Mientras tanto, la brecha digital continúa profundizándose en las zonas rurales de Cotopaxi, dejando a cientos de niños fuera de la educación tecnológica que el sistema promete, pero que aún no se materializa en el territorio. (I)
