
QUITO, Pichincha
La central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, la mayor del país, opera entre el 40% y 42% de su capacidad debido a la drástica reducción de caudales en la Amazonía. Esta caída en la generación eléctrica ya provoca cortes de luz repentinos en Quito y otras ciudades, en medio de un creciente déficit energético nacional.
La planta, que posee una potencia instalada de 1.500 megavatios (MW), apenas produce entre 400 y 600 MW desde mediados de marzo de 2026. Incluso, el 5 de abril al mediodía registró solo 426 MW, equivalente al 28% de su capacidad nominal, lo que refleja la gravedad del estiaje en la cuenca oriental.
El ingeniero eléctrico Luis Eduardo Armas explica que la central requiere caudales cercanos a 200 metros cúbicos por segundo para generar entre 1.000 y 1.200 MW de forma estable. Sin embargo, actualmente el caudal bordea los 122 m³/s, muy por debajo del promedio de febrero, cuando alcanzó 214 m³/s.
Coca Codo Sinclair funciona como una central de paso, lo que la vuelve altamente dependiente del flujo natural de los ríos. Su embalse compensador, de regulación diaria, se llena en pocas horas y se agota rápidamente durante los picos de demanda, lo que limita su capacidad de respuesta en horarios nocturnos.
Apagones sin programación generan incertidumbre
La disminución sostenida de la generación eléctrica ya impacta el suministro nacional. Según Armas, los cortes repentinos responden a la incapacidad del sistema para cubrir la demanda, especialmente en horas de mayor consumo, cuando la central no dispone de suficiente agua para sostener la producción.
El experto advierte que, si persisten las condiciones actuales, los apagones continuarán. Además, cuestiona la falta de planificación del Operador Nacional de Electricidad (Cenace), que aún no implementa cortes programados pese a un déficit cercano a los 1.000 MW.
Presión sobre el sistema eléctrico nacional
La situación también afecta al embalse de Mazar, pieza clave del complejo hidroeléctrico Paute, que se utiliza con mayor intensidad para compensar la caída de Coca Codo. Hasta el 5 de abril, el nivel del embalse se ubica a 21 metros de su cota crítica, lo que incrementa el riesgo de una crisis energética.
A este escenario se suma la suspensión de importación de energía desde Colombia desde enero de 2026, en el contexto de tensiones comerciales, lo que reduce aún más el margen de maniobra del sistema eléctrico ecuatoriano.
Pese a los apagones reportados por ciudadanos, el Gobierno de Daniel Noboa descarta una crisis eléctrica. Como medida, dispuso la desconexión temporal de industrias de alto consumo, como mineras y acereras, para aliviar la demanda.
Sin embargo, los cortes no programados continúan generando malestar ciudadano y evidencian la fragilidad del sistema energético frente a eventos climáticos extremos como el estiaje. (I)
