
CIUDAD DE MÉXICO, México
Una fiesta privada en Ciudad de México volvió a poner en el centro del debate a figuras del correísmo, muchas de ellas con cuentas pendientes con la justicia ecuatoriana. La celebración fue por el cumpleaños de Edwin Jarrín, exvicepresidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), y reunió a varios exfuncionarios y simpatizantes del correísmo, entre ellos investigados y procesados.
Una fotografía difundida en redes sociales muestra a Jarrín junto a Gabriela Rivadeneira, expresidenta de la Asamblea Nacional; Soledad Buendía, exasambleísta; el exsecretario de la Presidencia Galo Mora; la periodista y actual legisladora Alondra Santiago; y Augusto V., exconsejero del CPCCS y prófugo del caso “Ligados”, quien enfrenta una orden de prisión preventiva por presunta delincuencia organizada.
La imagen provocó múltiples reacciones en Ecuador, tanto en redes sociales como en el ámbito político. La aparición pública de Augusto V., pese a tener una orden judicial vigente, ha generado cuestionamientos sobre el respaldo internacional del que gozan ciertos personajes cercanos al correísmo.
Gabriela Rivadeneira
Gabriela Rivadeneira, quien reside en México desde 2019 bajo condición de refugiada política, mantiene una activa agenda internacional en defensa del expresidente Rafael Correa y su proyecto político. Su presencia en el festejo refuerza la percepción de que existe una estructura política correísta articulada desde el exterior.
El caso “Ligados” ha implicado a varios exfuncionarios relacionados con el correísmo en tramas de corrupción vinculadas a contratos públicos y redes de tráfico de influencias. La Fiscalía General del Estado aún mantiene abiertas investigaciones dentro de este expediente, considerado uno de los más sensibles por sus ramificaciones políticas.
Mientras tanto, en el Legislativo ecuatoriano, el bloque de la Revolución Ciudadana enfrenta una nueva crisis interna. La capacidad de liderazgo de Luisa González, presidenta del movimiento, ha sido puesta en duda tras varias deserciones y divisiones en su bancada.
La fiesta, más allá de su carácter privado, refleja el reencuentro de figuras políticas que hoy enfrentan procesos legales o se encuentran fuera del país bajo protección diplomática. La postal no solo evidencia la vigencia del correísmo fuera del país, sino que también reabre el debate sobre la impunidad, el refugio político y la influencia internacional en la política ecuatoriana. (I)
