Don Guillermo en la cuerda floja

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Por Johnny Alvarado Domínguez-Periodista

La comunicación del Gobierno de Guillermo Lasso es paupérrima por excelencia. Y quienes la manejaron y quien lo hace ahora -Andrés Seminario- no son ningunos improvisados en esas contiendas. La entienden y la digieren sin problemas.  No creo que Lasso con el quilombo mediático que se le arma cada vez que se dirige a la nación le apueste a una sarta de aprendices, como aquellos «señoritos» que acaban de salir de las aulas, que nunca se han comunicado bien entre ellos y que pregonan en las redes sociales que la comunicación los llama. No sabemos a dónde, pero ellos dicen que los llama.

Conducir el aparataje mediático de un Gobierno en crisis requiere de un experto que haga de lado a esos grupos de amigos cercanos -que todo presidente tiene- y que, en lugar de ayudarlo a gobernar con aplomo, se tornan en círculos impenetrables llenos zalameros y lambones.

La comunicación falla con Lasso y no porque no tenga gente idónea, no; falla porque Lasso no escucha y para rematar no tiene los arrestos intelectuales para hacerle frente a las preguntas que le hace el pueblo.  No contar con una agenda mediática que marque el ritmo, deja la puerta entreabierta para que sean los medios que se la impongan.

No tener contacto directo con los mandantes es uno de los grandes errores. Las comparaciones de por sí son tediosas, pero la gente recuerda a Rafael Correa por la potencia que les imprimía a las sabatinas -el modelo en sí no era del correísmo, más bien era la forma avasalladora que tuvo el socialismo del siglo XXI y que fue diseñado por Hugo Chávez con su programa Aló, presidente”.

Eso dio la pauta para que Correa marque la agenda mediática de la semana y los actores políticos de todos los partidos hablen de lo que el presidente dijo en la sabatina. A la comunicación se la entendió como un eje transversal y no como una forma egocentrista de comunicar lo que hago como si se tratara de una parcela. Sin embargo, al correísmo se le cuestionó que más que comunicar era una especie de marketing gubernamental. Correa siempre tenía algo que inaugurar, algo de que hablar o sobre qué opinar.

El panorama con Lasso es muy claro y a la vez agreste. Claro porque se sabe que es muy débil ante una entrevista en donde se lo cuestiona por la pasividad de su gobierno, y agreste porque nadie atisba con claridad qué hizo todo el tiempo que recorrió el país -según dijo- conociendo las necesidades del pueblo, porque las carencias están ahí y en casi dos años de su gobierno no ha logrado desentrampar los problemas más complejo del país.

Esto nos deja una clara lección, un buen banquero no tiene patente de corso para ser un buen presidente. Pues la dinámica de manejo de un banco es muy distinta a la de conducir una nación. La empresa privada se maneja con una mecánica diferente y el presidente banquero no vislumbra con precisión la diferencia.

Encaminar la comunicación del régimen es una tarea pendiente. No escuchar a su asesor de comunicación y dejar que sus amigos -que sin duda son buenos amigos- manejen los hilos del poder sin experiencia en política es un disparo al aire. Lasso debe aprender de los errores, debe cuestionarse esa falta de empatía con su gente, con su pueblo. Festejar el triunfo del sí, sin los resultados oficiales, no solo los llevó a hacer el ridículo, sino también a mostrarse como un gobierno enclenque que, con un rumor en Twitter, se espanta y retrocede, porque los “gallitos” de teclado lo ponen contra los piolines. (O)

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Post Author: Redaccion

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