
QUITO, Pichincha
Menos niños nacen en Ecuador y eso ya no solo es una tendencia demográfica, sino un fenómeno económico con consecuencias visibles y futuras.
Según el reporte del año 2024, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), llegaron al mundo apenas 160.000 niños y niñas, el número más bajo desde que existen registros sistemáticamente organizados, es decir, desde 1990.
El economista Vicente Albornoz, decano de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de Las Américas (UDLA), destaca que esta cifra representa una reducción del 39% frente al año 2000, cuando se registró el pico de nacimientos con algo más de 360.000 nacidos vivos.
Desde ese año, explica Albornoz, el número de nacimientos comenzó a disminuir lentamente hasta 2018. Pero a partir de 2019, la caída se aceleró drásticamente, reflejo de cambios sociales, económicos y culturales, y de decisiones personales que, aunque individuales, están transformando al país.
“Estos cambios demográficos son el resultado de millones de decisiones privadas, de cada pareja, de cada madre”, advirtió Albornoz.
Baja natalidad
El impacto de la baja natalidad ya golpea a sectores económicos enteros: el negocio de pañales, leche en fórmula, ropa para recién nacidos, pediatría, guarderías y servicios para la primera infancia están comenzando a enfrentar una caída estructural de su mercado.
“En dos años habrá menos demanda de guarderías, en cinco menos alumnos en las escuelas, y en 22 años tendremos una fuerza laboral más pequeña”, resume Albornoz. En otras palabras, el fenómeno demográfico actual afectará desde el consumo inmediato hasta el sistema de pensiones en las próximas décadas.
Este descenso en los nacimientos también pone en evidencia que Ecuador avanza hacia una población más envejecida, con consecuencias fiscales, laborales y sociales.
Así como en el año 2000 nacieron más de 360.000 niños que en 2065 se estarán jubilando, los nacidos en 2024 serán una generación más pequeña, que deberá sostener, con menos brazos, a más adultos mayores”, alerta el economista Andrés Rodríguez.
Actualmente, los ecuatorianos en edad de trabajar son 8 millones, pero solo 3 millones tienen un trabajo formal con afiliación al IESS y todos los beneficios de ley. Si la población envejece, cada vez habrá menos personas en edad de trabajar y menos capaces de financiar pensiones y otros beneficios sociales.
El dato del INEC confirma una realidad que ya se observaba, pero que ahora toma velocidad: el Ecuador del futuro será un país con menos niños, más adultos mayores y grandes retos para su sistema económico y social.
«Se trata de un cambio silencioso, pero de enormes implicaciones. No hay terremoto, ni explosión, ni portada. Pero es un temblor que moverá los cimientos de la economía ecuatoriana durante décadas”, concluyó Rodríguez. (I)
