
MSc. Elio Roberto Ortega Icaza
La historia del Ecuador no se entiende sin la determinación de Matilde Hidalgo de Procel. Su nombre no solo representa una conquista femenina, sino una transformación profunda en la concepción misma de ciudadanía.
Nacida en Loja en 1889, creció en una sociedad que asignaba a las mujeres un espacio estrictamente doméstico. Sin embargo, su vocación intelectual rompió moldes desde temprana edad. Fue la primera mujer ecuatoriana en culminar el bachillerato, un logro que abrió las puertas para que otras siguieran el mismo camino.
Decidió estudiar Medicina en la Universidad Central del Ecuador, convirtiéndose en la primera médica del país. Su ejercicio profesional estuvo marcado por el compromiso social y la atención a los sectores más vulnerables, demostrando que la preparación académica también podía ser una herramienta de servicio.
Pero su mayor aporte fue político y jurídico. En 1924, cuando el sistema electoral no contemplaba expresamente la prohibición del voto femenino, acudió a inscribirse en el registro electoral en Machala. Su solicitud generó debate, pero finalmente fue aceptada. Así, ejerció el derecho al voto, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo en Ecuador y en América Latina.
Aquel acto marcó un antes y un después. No fue un gesto simbólico, sino una afirmación concreta de igualdad ante la ley. Su decisión evidenció que la democracia no puede sostenerse sobre exclusiones y que la interpretación jurídica debe orientarse hacia la ampliación de derechos.
Matilde Hidalgo, no buscó protagonismo; buscó coherencia entre norma y justicia. Su legado permanece vigente: la ciudadanía plena no se concede por benevolencia, se ejerce con convicción. Y gracias a su valentía, el Ecuador dio un paso histórico hacia una democracia más inclusiva y equitativa. (O)
