
DHC. Elio Roberto Ortega Icaza
La Amazonía ecuatoriana, integrada por las provincias de Napo, Pastaza, Morona Santiago, Zamora Chinchipe, Sucumbíos y Orellana, constituye una de las regiones más importantes y biodiversas del Ecuador.
Sus extensos territorios están bañados por caudalosos ríos, esteros, cascadas, lagos y lagunas que forman parte de una riqueza natural invaluable.
Sin embargo, detrás de esta exuberante naturaleza existe una realidad que preocupa profundamente a quienes habitan en esta región. La ciudadanía amazónica enfrenta, desde hace años, dificultades relacionadas con la vialidad, carreteras y puentes que requieren mantenimiento permanente, además de sectores vulnerables a deslizamientos de tierra, inundaciones y otros fenómenos naturales.
Ante la declaratoria de emergencia nacional relacionada con el fenómeno de El Niño, surge una pregunta legítima que nace desde la preocupación del ciudadano común: ¿está realmente preparada la Amazonía ecuatoriana para enfrentar sus posibles consecuencias?
Caudal de los ríos
La interrogante no pretende generar alarma, sino llamar a la prevención. En una región donde las lluvias pueden incrementar considerablemente el caudal de los ríos y provocar deslizamientos, una carretera destruida o un puente afectado puede significar el aislamiento de comunidades enteras.
También preocupa la situación de servicios esenciales como la educación, en sus diferentes niveles, y la atención de salud, especialmente en comunidades rurales y sectores alejados de los principales centros urbanos. Una emergencia climática puede profundizar todavía más estas dificultades.
Desde esta tribuna del pensamiento, la cultura y la justicia, hacemos un llamado respetuoso a las autoridades nacionales, provinciales y municipales para que actúen con anticipación. La prevención debe comenzar antes de que llegue la emergencia.
Es indispensable identificar zonas de riesgo, limpiar y reforzar sistemas de drenaje, inspeccionar puentes, mantener carreteras, preparar maquinaria, fortalecer los servicios de salud y establecer mecanismos eficaces de comunicación y evacuación para las comunidades que pudieran encontrarse en peligro.
Los amazónicos no pedimos privilegios; pedimos prevención, atención y responsabilidad pública.
Que esta alerta sirva para actuar hoy y no lamentar mañana. Cada vida es invaluable y cada bien material representa años de esfuerzo y sacrificio.
Dios proteja a la Amazonía ecuatoriana y a todos sus habitantes. (O)

