
QUITO, Pichincha
El país lamenta la partida de Ernesto Albán Gómez, destacado jurista, maestro, escritor y periodista, quien falleció el pasado 8 de diciembre de 2024. Su legado abarca múltiples áreas, desde el Derecho hasta la literatura y las artes escénicas, dejando una huella imborrable en la historia cultural y jurídica del Ecuador.
Nacido en Quito el 10 de marzo de 1937, Ernesto Albán Gómez creció en un entorno artístico influenciado por su padre, Ernesto Albán “Don Evaristo”, ícono del cine y el teatro ecuatoriano. Aunque abrazó la literatura y el arte desde joven, su pasión por la justicia lo llevó a destacar como penalista y docente en las principales universidades del país, incluyendo la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y la Universidad Andina Simón Bolívar, donde recibió un doctorado honoris causa.
Legado literario y artístico
Albán Gómez incursionó en el teatro como actor y dramaturgo, participando en el Teatro Independiente dirigido por Francisco Tobar García. Entre sus obras más destacadas figuran los cuentos de Salamandras y piezas teatrales como Jueves y La verdadera historia de Notre Dame. Además, se incorporó en 2022 como miembro de número en la Academia Ecuatoriana de la Lengua, consolidando su influencia en el ámbito literario.
Como periodista, escribió artículos para reconocidos medios como El Comercio, Hoy y Mundo Diners. Su estilo, cargado de reflexión y crítica, lo convirtió en una voz respetada en el análisis político y social del país.
Contribuciones al Derecho y servicio público
En el ámbito jurídico, Albán Gómez dejó un aporte invaluable con su Manual de Derecho Penal Ecuatoriano, considerado una obra de referencia en el país. Además, ocupó cargos clave como ministro de Educación (1983-1984), magistrado de la Corte Suprema de Justicia (2000-2004) y representante en la Asamblea Nacional Constituyente (1997-1998). También ejerció como árbitro en el Centro de Arbitraje y Mediación de la Cámara de Comercio de Quito durante casi dos décadas.
Ernesto Albán Gómez dedicó su vida a construir puentes entre el arte, el Derecho y la educación, demostrando que la excelencia en múltiples disciplinas no es solo posible, sino necesaria para el desarrollo de una sociedad.
Su partida deja un vacío profundo, pero su legado invita a reflexionar: ¿Cómo podemos honrar a figuras tan integrales y multifacéticas en un tiempo que demanda líderes comprometidos con el conocimiento y la justicia? (I)

