
QUITO, Pichincha
Basta imaginar el vapor que se eleva de una papa recién cocida para entender que este alimento es mucho más que parte de nuestra dieta. Es historia viva, identidad y el resultado de miles de manos que, desde las alturas andinas, trabajan cada día para alimentar al país.
En Carchi, Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo, la papa no solo se cultiva: se vive. Cada región aporta su esencia. Desde la tecnificación que impulsa la productividad, hasta el trabajo de pequeños agricultores que sostienen economías familiares y comunitarias.
Con una producción de más de 221.000 toneladas en 2024, según la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua (ESPAC 2024), este cultivo se posiciona como uno de los pilares del agro ecuatoriano. Pero más allá de las cifras, es un sistema vivo que conecta tradición, conocimiento ancestral e innovación.
Variedades de papas
De acuerdo con el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), más de 500 variedades de papa crecen en suelos ecuatorianos, cada una con sabores, colores y resistencias únicas que han sido preservadas por generaciones.
Según el INIAP, cerca de 83.000 ecuatorianos participan directamente en la cadena productiva de la papa, generando alrededor de 1,5 millones de jornales al año.
Son historias de esfuerzo que empiezan antes del amanecer, de familias que dependen del clima, de la tierra y de decisiones que pueden definir el futuro de toda una cosecha.
Más que un cultivo
Para Stephanie Valquinta, country manager de BASF en Ecuador, “la papa es mucho más que un cultivo. Es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra seguridad alimentaria”.
Y menciona que miles de familias dependen de ella como fuente de ingresos y empleo, mientras que millones de ecuatorianos la consumen diariamente como parte esencial de su alimentación.
Valquinta sostiene que es fundamental seguir impulsando la innovación agrícola y el acceso a tecnologías que permitan a los productores enfrentar los desafíos actuales y construir un futuro más productivo y sostenible para el sector.
“Un futuro donde el esfuerzo, la dedicación y la pasión con la que cultivan cada papa, que termina en nuestra mesa, sea reconocido y retribuido como corresponde», explica Stephanie Valquinta.
En el Día Nacional de la Papa, reconocer su valor es también reconocer a quienes la hacen posible. Porque en cada surco sembrado hay esperanza. Y en cada cosecha, una oportunidad de construir un futuro más resiliente, sostenible y próspero para el Ecuador. (I)

