
Por Fausto Peña Egas
Familias, hombres y mujeres, realizan diferentes actividades para recibir al nuevo año, dentro de este contexto también están las tareas que se realizan en el campo, no solo en el Ecuador, en los países vecinos se puede ver, a través de las paginas sociales del internet, que un buen número de seres humanos realizan sus actividades de fin de año y del nuevo año en la media y alta montaña.
Nosotros, hablo de mí y de la familia, que como en años anteriores que al nuevo año hay que recibirle en la montaña, luego de una serie de alternativas decidimos irnos al volcán Chimborazo de 6310 metros de altura. Ascender o realizar una caminata por los diferentes senderos de este nevado es majestuoso y fortificante.
Inicio del viaje.
Había que planificar el viaje, teníamos un largo feriado de tres días, determinar el lugar es indispensable, como va a estar la situación del clima, en esta ocasión no era de las mejores.
Alfredo Castillo un viejo andinista por su experiencia y el conocimiento del lugar, además de ser de un club, uno los primeros del país Nuevos Horizontes, nos pusimos en contacto, y nos manifestó estar presto a recibirnos en su casa de campo y ser nuestro guía para realizar la ruta, que la denominamos “La integral de la Virgen del Chimborazo”.
¿Cómo llegar?
Con Ernesto nos une una vieja amistad de andinistas y el haber nacido en la misma ciudad de Cayambe; iniciamos el viaje en el carro de Byron, en el tanquecito un 4×4, salimos de Quito muy por la mañana, desayunamos en la vía a Latacunga, había que seguir nuestro recorrido hacia Ambato, Tungurahua, nos acercamos cada mes a la parroquia Pilahuin, a la comunidad de la Esperanza, a Río Colorado Bajo.
A través del mapa de la localización en el celular llegamos a la casa de campo del amigo Ernesto, a Hospedaje Chimborazo, llegamos al lugar indicado, luego de estirar las piernas, vinieron los abrazos y conocer el lugar donde íbamos a pasar parte del 31 de diciembre, bajamos los slipings, los bastones y las mochilas de ataque.
Byron y su novia Maya, habían llevado carne para una parrillada y lo demás compramos en un centro comercial de Ambato, teníamos todo listo para la noche.
Todo estaba preparado más o menos a las 9 pm, con vino y agua aromática hicimos el brindis del nuevo año, junto a la esposa Oksana kalugina y los hijos: Iván, Svetlana. Entregamos los recuerdos que llevamos desde Quito para la familia del andinista de Nuevos Horizontes.
Eso no fue todo, aprovechamos la luz que tiene Ernesto para poder observar y pasar los slides de montaña de Digna Meza. Solo en un lugar teníamos señal del internet para dar un saludo y el abrazo del nuevo año, a los familiares y amigos.
Rumbo al sitio de la Virgen del Chimborazo.
Había que ir a dormir, en un palomar que nos proporcionó Ernesto, descansamos unos bien y otro no tan a gusto, había que salir temprano, un pequeño desayuno preparado por su esposa, cargamos mochilas e iniciamos la marcha, aproximadamente el amigo, me supo manifestar que caminaremos cerca de seis a siete horas.
Por la ruta diseñada por Ernesto fuimos caminando poco a poco, pasamos por el sitio conocido por todos los andinistas de 30 años atrás; Pocyos, lugar donde nos deja el vehículo, en ese tiempo, y los que poseían camionetas o un ben jeep iban por este camino hasta la virgen.
El camino de treking espectacular, el cañón, se asemeja a las películas de esa época. Pasamos por la cueva de la calavera, el verde, el arenal, el campo santo, plaza roja; cada sitio tiene su particularidad y el nombre tiene un por qué.
El que más me llamo la atención el campo santo, ahí hay una cruz con el nombre de Rafael Olmedo, un andinista que había subido por esta Ruta con Ernesto, y le había señalado que cuando el muera, le gustaría que sus cenizas lo dejen en este sitio, el mismo que fue dejado por sus hijos y amigos un 13 de diciembre del 2015.
Desde ese entonces varios andinistas que han fallecido y sus familiares han esparcido sus cenizas en este lugar, de ahí nace el nombre de campo santo.
Luego de una caminada muy atractiva y fortificante llegamos plaza roja, en este lugar décadas atrás, era el sitio obligado de descanso, donde se cargaba todo el equipaje en mulas, hasta llegar al refugio Fabián Zurita, donde se pernoctaba para ascender a la cumbre del Chimborazo.
El tiempo no es de los mejores, el majestuoso Chimborazo, paso tapado todo el tiempo, a ratos nos regalaba un deleite a nuestros ojos, dejándonos observar sus hermosos glaciares. Había lluvia y caída de granizo, (papacara).
Al final llegamos al sitio planificado, el sector de la Virgen, lugar donde todos los andinistas, creyentes o no creyentes, se pedía a Dios y a la montaña que nos permita subir y poder descender sin ningún contratiempo.
A Silvia Meza, veo en su rostro que casi se le van las lágrimas, y nos comienza a relatar como fue el ascenso cuando tenía trece años de edad, junto a su hermana Digna Meza y su cuñado Thelmo Valladares.
Los abrazos y las felicitaciones de todos los integrantes de la expedición se vieron con un rostro de alegría y al mismo tiempo de interrogación; quienes hacían andinismo en ese tiempo en los años 70,80,90 tenían ese cúmulo de hacer el andinismo con fe, esperanza y responsabilidad.
En el atrio de la Virgen se puedo observar y tocar unos zapatos de alta montaña, que algún andinista debe haber dejado en agradecimiento de haberle permitido ascender a la cumbre. Según Ernesto, nos manifestó que estos zapatos y están años de años en ese lugar. Son las 13H26minutos, a una altura de 4.327 metros en el altar de la Virgen

El regreso a la casa de campo.
Luego de un ligero descanso, hidratarnos y comer algo emprendimos el descenso a las 13:35, el tiempo fue emporando la neblina era más espesa, al igual que lluvia con granizo empezó, había que cubrirse con los implementos de ropa impermeable.
Viaje a la capital.
Nos despedimos con un abrazo y el compromiso de seguir haciendo montaña, el próximo encuentro será para ascender al Carihuayrazo, está muy cerca desde este sitio nos señala Ernesto.
El rumbo es para Quito, el carro está con gasolina hasta llegar a una gasolinera en Ambato, el camino en varios tramos llueve, una vez que ya logramos abastecernos de gasolina el siguiente rumbo era Latacunga, eran las 20:00, la pregunta del millón si a esta hora todavía estarán atendiendo las ya conocidas chugchucaras, encontramos la única y fuimos los últimos que nos atendían, se había acabado todo, era el segundo día del feriado.
El viaje de regreso hacia Quito fue muy largo, se hizo desde Latacunga, aproximadamente cerca de tres horas, la lluvia y la cantidad de vehículos que regresaban a la capital.
La historia de un viajero, culmina se cumplió con el objetivo de recibir el año nuevo 2023 en la montaña. (I)
