
DHC. Elio Roberto Ortega Icaza
“Recuerde que una onza de lealtad pesa más que una libra de talento”. Esta frase contiene una profunda verdad sobre las relaciones humanas, el trabajo y el compromiso con quienes depositan su confianza en nosotros.
El talento puede abrir puertas, generar admiración y conducir al éxito; pero sin lealtad, ese mismo talento puede perder su verdadero valor.
Una persona puede ser brillante, inteligente, preparada y poseer extraordinarias capacidades. Puede resolver problemas, alcanzar metas y destacar por encima de los demás.
Sin embargo, si carece de lealtad, su talento se convierte en un recurso incierto. Porque nadie puede construir una obra duradera junto a alguien que, en cualquier momento, esté dispuesto a traicionar la confianza recibida.
No es obediencia ciega
La lealtad no significa sumisión ni obediencia ciega. Tampoco obliga a guardar silencio frente a la injusticia, la ilegalidad o el error. Por el contrario, la verdadera lealtad tiene el valor de decir la verdad, de advertir a tiempo y de señalar aquello que puede perjudicar a una persona o a una institución.
El adulador que siempre aplaude no necesariamente es leal; muchas veces, el amigo leal es quien tiene el coraje de hablar con sinceridad.
Si usted trabaja para un hombre, por Dios, trabaje con responsabilidad para él y para la institución que representa. No reciba la confianza, el salario, las oportunidades y los beneficios de una organización para luego utilizar esa misma posición en contra de quienes le abrieron las puertas. La crítica constructiva fortalece; la intriga, la deslealtad y la traición destruyen.
El talento puede contratarse, enseñarse y perfeccionarse. La lealtad, en cambio, nace de los principios, del carácter y de la gratitud. Por ello, en los momentos difíciles se conoce realmente a las personas.
Cuando todo marcha bien, abundan los amigos y colaboradores; pero cuando llegan las crisis, permanecen quienes tienen convicciones.
Las instituciones necesitan talento, sin duda. Pero necesitan aún más personas confiables, responsables y leales. Un equipo unido por la confianza puede superar grandes obstáculos; un grupo lleno de talento, pero dividido por intereses y traiciones, difícilmente alcanzará una meta común.
Por eso, antes de exhibir nuestras capacidades, debemos preguntarnos por nuestro compromiso moral. Una onza de lealtad pesa más que una libra de talento, porque el talento impresiona, pero la lealtad sostiene. (O)
