
KABUL, Afganistán
Tras la toma de poder del Talibán el 15 de agosto de 2021 en Kabul, decenas de mujeres salieron a las calles para exigir “comida, trabajo y libertad”. La respuesta fue inmediata: detenciones, amenazas y denuncias de abusos marcaron el inicio de una etapa de fuerte represión contra el activismo femenino en Afganistán.
Arrestos y denuncias de maltrato
Parwana Ibrahimkhail Nijrabi, Mariam (seudónimo) y Zakia (seudónimo) integran el grupo de manifestantes que desafiaron las restricciones impuestas por el nuevo régimen, que limitó el acceso de las mujeres al empleo, a la educación secundaria y universitaria, y a espacios públicos.
Según sus testimonios recogidos por el Servicio Afgano de la BBC, agentes armados disolvieron protestas en Kabul y otras ciudades, golpearon a manifestantes y las trasladaron a centros de detención. Las mujeres relataron interrogatorios forzados, amenazas y condiciones precarias de reclusión.
Parwana, de 23 años, permaneció un mes en prisión acusada de promover la inmoralidad y la cultura occidental. Mariam estuvo retenida varios días en una unidad de seguridad. Ambas aseguran que las obligaron a firmar confesiones y compromisos para no volver a protestar. Tras su liberación, abandonaron el país.
Zakia logró escapar durante una manifestación, pero afirma que la violencia pública la dejó aterrorizada. Más tarde intentó impulsar un centro educativo informal para niñas, proyecto que también enfrentó obstáculos.
Postura oficial y verificación independiente
El portavoz talibán Zabihullah Mujahid confirmó las detenciones, pero negó malos tratos. Sostuvo que las arrestadas participaron en actividades contrarias a la seguridad pública y rechazó las acusaciones de tortura.
Sin embargo, investigaciones de Human Rights Watch y Amnistía Internacional documentaron patrones de detenciones arbitrarias, malos tratos y restricciones sistemáticas contra mujeres activistas desde 2021.
Un espacio público cada vez más cerrado
Desde el regreso del Talibán al poder, la participación femenina en el mercado laboral cayó drásticamente y las niñas quedaron excluidas de la educación secundaria en la mayoría del país. Las autoridades insisten en que las medidas responden a la interpretación de la ley islámica, aunque no han fijado un calendario para revertir las prohibiciones.
Hoy, muchas activistas continúan su labor desde el exilio o mediante publicaciones anónimas en redes sociales. Dentro de Afganistán, las protestas abiertas prácticamente desaparecieron ante el riesgo de represalias.
“Solo queríamos nuestros derechos básicos”, resumió una de las manifestantes. Su testimonio refleja el costo personal que asumieron quienes decidieron enfrentar las nuevas restricciones en uno de los contextos más adversos para los derechos de las mujeres en el mundo actual. (I)
Con información de: https://www.bbc.com/mundo/articles/clllp4753gmo
