
LA HABANA, Cuba
Las gasolineras de Cuba registran largas filas y escenas de tensión luego de que Estados Unidos suspendiera el suministro de petróleo venezolano hacia la isla, tras la captura de Nicolás Maduro. La medida golpea de forma inmediata a un país que ya enfrenta su peor crisis económica en décadas y que dependía en 2025 de Venezuela para cubrir cerca del 30 % de sus necesidades energéticas.
Bajo el intenso sol de La Habana, conductores y motociclistas esperan durante horas para repostar combustible. Jesús Méndez, de 66 años, permanece sentado sobre su moto sin avanzar en la fila y resume el ambiente con ironía caribeña: la situación “está dura”, mientras la incertidumbre se apodera de la población.
A diferencia de crisis anteriores, los ciudadanos no esperan la llegada de camiones cisterna a estaciones vacías. Ahora predominan las filas de prevención. Yanely, de 46 años, asegura que la gente acude por temor a un desabastecimiento mayor. “La gente viene a llenar por miedo a lo que pueda pasar”, comenta frente a una estación cercana al Malecón.
El impacto del corte petrolero resulta profundo. El Estado cubano carece de divisas suficientes para importar combustibles desde otros mercados, lo que agrava la fragilidad del sistema energético nacional. Ramón García, jubilado de 70 años, decidió adelantar su compra tras observar el operativo militar estadounidense en Venezuela el 3 de enero de 2026. “No sé qué va a pasar mañana, pero esto se va a notar”, advierte.
La crisis también profundiza las desigualdades. Las estaciones que operan en dólares concentran largas colas y mantienen suministro, mientras que las que cobran en pesos cubanos permanecen cerradas por falta total de combustible. El Gobierno priorizó estos servicentros dolarizados desde 2025 para captar divisas ante el desplome del turismo y de las remesas.
Carlos, de 76 años, esperó más de cuatro horas para llenar el tanque de su auto tras conseguir dólares en el mercado informal. Asegura que la aplicación estatal Ticket, usada para gestionar turnos en moneda nacional, puede demorar hasta dos meses. “Aquí nadie gana en dólares, pero no queda otra”, lamenta.
Las proyecciones económicas refuerzan el temor social. Un estudio del economista cubano Miguel Alejandro Hayes estima que el fin de los envíos petroleros venezolanos podría provocar una caída del 27 % del PIB, un alza del 60 % en los precios de los alimentos y un encarecimiento del 75 % del transporte.
Mientras la tensión con Estados Unidos aumenta, los ciudadanos se preguntan cómo sostener la vida cotidiana sin combustible. Jesús Méndez resume la preocupación general: “¿De dónde vamos a sacar gasolina si el petróleo cubano tiene demasiado azufre y no sirve?”. (I)
