La violencia le ganó al ratón Miguelito



Escrito por Lic. Jhonny Alvarado Domínguez

La mañana del 1 de noviembre, Guayaquil amaneció estupefacta. Desde muy temprano los noticieros televisivos inundaron de malas noticias los hogares ecuatorianos. Una vez más el epicentro de la vesania con la que ataca la delincuencia y el crimen organizado fue la ciudad puerto, que arrastra este problema desde hace mucho tiempo, ante la mirada pasiva del presidente banquero que ni ata, y mucho menos desata el nudo que implica la lucha contra estas bandas que mantienen en zozobra al país.

La ola de violencia del sangriento día de Todos los santos se suscitó desde muy temprano. Dos policías baleados en un barrio popular de Guayaquil. Luego más noticias de otros atentados: una bomba en una gasolinera, un coche bomba en la estación de Policía de la ciudadela Alborada, un coche bomba en una gasolinera de Pascuales, un artefacto explosivo en la Terpel de la Perimetral, un explosivo en la UPC de Socio Vivienda, una bomba en la UPC de las Orquídeas, disparos a policías en el sector de la Balerio Estacio. En la tarde otro UPC baleado y más policías muertos. Mientras en Durán, también se vivía una batalla campal cargada de fuego y violencia. Pero si bien esto asolaba a Guayaquil y a sus habitantes, recién en la tarde del fatídico martes el presidente anunció un nuevo estado de excepción y toque de queda en Guayas y Esmeraldas, las provincias más violentas del país. En otras palabras, activó la varita que de mágica no tiene nada.

La palabra de Lasso ha perdido credibilidad y su modosita forma de expresarse lejos de dar seguridad genera desconfianza, por más que los “pauteros” le aplauden y tratan de instaurar la idea que, si Lasso comanda las operaciones antidelincuenciales, el pueblo se sentirá seguro. Pero ese pueblo aterrado por el crimen ya no le come cuentos al banquero. Es como muy ‘señoritico’
Cómo un ciudadano puede sentirse seguro si en el país en este 2022 más de 60 policías han muerto en manos de la delincuencia.

El Ministerio del Interior y la Policía Nacional han registrado 145 atentados con explosivos en Ecuador entre enero y agosto, un récord histórico. 72 de ellos en Guayaquil, eso sin contar con los del martes pasado.

La delincuencia no da tregua, en las calles se siente el ambiente tenso. Negocios quebrados, nadie quiere salir de sus casas y la inversión en seguridad como alarmas y blindaje de automotores se incrementó.
En ese marco de violencia, Lasso quien ya había anunciado su viaje de vacaciones con su familia a Orlando, Estados Unidos, tuvo que suspender la travesía.

“Los gallitos de teclado”, lo arredran más que la mismísima delincuencia y lo hacen desandar; mucho más cuando la palabra Orlando fue la primera tendencia en Twitter.

Tanto fue el susto que todo el mando policial y de operaciones se trasladó a Guayas para que Lasso comande las operaciones o al menos figure que las dirige.

El Presidente no acierta una. Mejoró su equipo de comunicación, pero el grupo no tiene nada loable que comunicar. Solo trata de defender lo indefendible. Esta vez la violencia organizada le ganó la partida al ratón Miguelito en detrimento de la salud mental y la paz de todo un pueblo que en el 2021 le creyó al banquero de los zapatitos rojos. (O)

Post Author: Carlos Aguilar Alcivar

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